Alejandro Cides

Alejandro Cides

El que construyas tu producción en etapas, ¿se debe a una manera particular de trabajar o al desarrollo de un pensamiento que cambia y se traduce plásticamente?

Se debe primero a que vas cambiando la manera de ver el arte en general y las emociones juegan un papel importante.
Borges decía que se modifica más rápido la manera en que vemos una obra de arte, que la obra de arte. Lo difícil es lograr lo segundo, ¿no? Hacer algo distinto, arriesgado, al límite. Eso es lo que me moviliza a cambiar, que el trabajo sea más real, verdadero, puro y creíble. La idea de jugar a reinventarme y que puedo pensar una obra desde un lado y otra desde otro me divierte mucho, como el trabajo de un actor.
Me gusta sorprender al espectador, que mire y diga: mirá lo que puso acá, aunque eso me haya llevado un tiempo pensarlo.
Siento el deber de tratar de hacer algo que por lo menos no hice antes pero la verdadera responsabilidad es hacer algo que no se haya hecho antes, o esté poco hecho.

Desde la incursión en el arte figurativo con cierto atisbo surreal de tus comienzos a la abstracción geométrica y la indagación de nuevos materiales hoy ¿se debe a una búsqueda personal o un inconformismo?

 La búsqueda y el inconformismo son los motores de toda la creación, de la honestidad. Descubrí un arte distinto en la curiosidad y el estudio que tiene que ver menos con la retina y más con la materia gris como dice Duchamp. Después de un tiempo me preocupé por despegarme de lo que aprendí en la escuela y eso sí fue una preocupación. Siempre intento hacer lo contrario y más difícil, ja! “Pero pará, que pasa si mejor lo hago así”. Esto me llevó muchas veces por lugares equivocados.
El inconformismo tiene que ver con el aburrimiento, la necesidad, el “yo puedo y quiero otra cosa y no tengo miedo!” Me interesan muchas cosas por lo tanto no puedo hacer siempre lo mismo. Dejo que el trabajo me lleve por donde el quiere y después decido que es obra para mí. El arte lo pienso desde lo visual y sonoro, no sólo en lo plástico.

Este último tiempo se han difundido las denominadas “clínicas de  arte” ¿Qué te han aportado en la construcción de tu obra?

Mucho. Hay que estar muy preparado para llevar adelante una clínica, desgasta, divierte, te pone a prueba. Parece que asistís a una terapia de grupo. Me hizo dar cuenta donde estaba parado, todo lo que no conocía, lo que sabía y no sabía de lo que hacía, ¿se entiende? No todos se animan a hablar de su obra y que te digan quizá después de mucho trabajo “esto no es así”. Hay que saber hablar de lo que una hace, sino, te mentís y mentís a los demás, o te quedás callado y todos se quedan con la duda de qué quisiste hacer. Otra postura es no ir por que consideras que no lo necesitás, que eso no lo creo, o por que tenés miedo. Cuando tu obra no lo necesita todos lo sabemos.
En estas famosas clínicas entendí la importancia de los críticos, los gestores, curadores, artistas y público. Respecto a mi trabajo respondí algunos cuestionamientos, direccioné la imagen, pero aparecieron otros nuevos. Entender que finalmente una buena obra radica en una gran idea es lo crucial que aprendí y que la imaginación es lo más importante en un artista.

¿Concebís la pintura como algo independiente de la vida cotidiana?

La obra comienza en un pensamiento, en algo que dejaste y lo estás retomando en otra cosa nueva para vos. Es una idea que crece producto de tu imaginación partiendo del gusto, de elecciones, que no necesariamente tiene que ver con tu vida cotidiana.
El artista vive en dos vidas, la imaginaria y la no imaginaria, por una va su arte, vive y sigue viviendo. Él se encarga de mantener vivo ese arte. En la otra vida está el mundo que todos conocemos  y lo que implica sobrevivir en él. Por eso no es fácil ser artista en este mundo, mucho más complicado en este país.
Por ejemplo en este tiempo le he dado más importancia a mi vida no-imaginaria sin descuidar la imaginaria. Mi obra va donde quiere, tiene su vida y libertad, a veces de tu vida cotidiana no podés decir lo mismo y esto condiciona a la obra en ocasiones.


Silvio Oliva Drys / julio de 2009

 

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